Antonio César González García (Valladolid, 1974), presidente de la Sociedad Europea de Astronomía Cultural, participa en la VI edición de las Jornadas de Risco Caído y Espacios Sagrados de Montaña que se celebran en la Casa de Colón, Gran Canaria, los días 21 y 22 de mayo de 2018.
González García es Doctor en Astrofísica por la Universidad de Groningen, Holanda. Desarrolla su labor en el Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit), realizando investigación en Astronomía Cultural. Con anterioridad realizó estancias posdoctorales en el Instituto de Astrofísica de Canarias y en el departamento de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid.
El investigador se ha convertido en un referente mundial en astronomía cultural, concretamente en las disciplinas de arqueoastronomía y etnoastronomía. Su línea principal de investigación en Astrofísica ha sido el estudio de la formación y evolución de galaxias a través de simulaciones. En concreto su tesis supuso un nuevo impulso al estudio de la formación de galaxias elípticas a través de fusiones.
¿El cielo que contemplamos ahora es el mismo que observaban nuestros antepasados?
Si nos referimos a si vemos el mismo tipo de cosas en él, básicamente sí. Es decir, el sol y la luna hacen prácticamente los mismos movimientos vistos desde la tierra que hace miles de años. Es esta regularidad la que nos permite estudiar el cielo del pasado con gran precisión. Las estrellas que podemos ver en el cielo sí han cambiado, aunque lo han hecho de forma conocida. No cambian sus posiciones, su configuración, de forma apreciable. Es decir: la constelación de Leo que identificamos hoy, por ejemplo, es la misma que veían los griegos hace 2500 años. Sin embargo, debido a un movimiento peculiar del eje de rotación de la tierra, parecido al que hace el trompo de un niño, las estrellas, las constelaciones que vemos hoy no son las mismas que se podían ver en las mismas épocas del año hace tiempo.
Por ello, sí, el cielo que contemplamos ahora es distinto del de nuestros antepasados y no solo eso, sino que el sentido que le damos a ese cielo es diferente, ha cambiado. En el pasado además de buscar esa regularidad para gobernar los ritmos diarios o saber cómo moverse en el espacio, el cielo servía al tiempo como repositorio de explicaciones o como fuente de narraciones que permitiesen dar un orden, un sentido a lo que nos rodea. Era una fuente de metafísica.
Hoy en día, seguimos buscando en el cielo las respuestas a las preguntas trascendentes, si bien con las herramientas de la ciencia. Las comunidades primitivas sorprenden por sus conocimientos de astronomía en los tiempos que vivieron
Puede sorprender el conocimiento del cielo de las sociedades del pasado, pero esto no es más que fruto de que aquellas sociedades necesitaban tal conocimiento para su día a día y su vida no estaba separada de la observación del cielo. Es algo que nosotros puede que hayamos perdido, en su sentido de implicación directa de tales observaciones en nuestro devenir diario. En el pasado las sociedades miraban las posiciones del sol o de la luna en el horizonte, o las fases de ésta última para saber la época de la siembra o la cosecha, o era importante que la luz del sol o de la luna entrasen en un espacio sagrado como ratificación de la divinidad, por ejemplo, de que lo que ocurría en ese espacio era adecuado.
Esa sorpresa no debe hacernos caer en la sobreinterpretación: que las gentes del pasado mirasen al cielo, no quiere decir que se pasasen la vida mirando solo al cielo, ni que tuviesen unos conocimientos arcanos ni que los extraterrestres les ‘chivaran’ cosas. Esa observación del cielo entra dentro perfectamente del funcionamiento de sociedades humanas en condiciones como las que se dieron en el pasado, en que el cielo formaba parte de su entorno, de su paisaje, entendido este como el espacio en que vivían y que incluiría el cielo, el celaje
¿Cuáles son las referencias a la ciencia de la astronomía más antiguas que se conocen?
Si nos referimos a la astronomía como ciencia tal y como entendemos a ésta en la actualidad, no podríamos ir más allá de unos cuantos cientos de años. Sin embargo, tanto los antiguos griegos y babilonios desarrollaron modelos para poder predecir el movimiento de los astros.
Por tanto, podríamos remontarnos hacia el siglo V o VI antes de Cristo, cuando en Babilonia primero y más adelante en Grecia aparecen esos modelos predictivos. Sin embargo, no es hasta el siglo IV o III a. de C. cuando esos modelos hacen preguntarse a los filósofos griegos si existe un esquema que permita explicar cómo funciona el mundo sin recurrir a agentes exteriores – dioses, genios o entes similares.
Es cierto que el interés de las sociedades antiguas por el cielo es muy anterior. Así, ya en los primeros restos arquitectónicos recuperados, en el sitio arqueológico de Gobekli Tepe (Turquía) que tiene una cronología muy antigua (en torno al 9000 a. de C.) hemos propuesto que podría existir el primer edificio con una orientación a los puntos cardinales y, por tanto, relacionada con la observación del cielo. O en los dólmenes de la zona del Alentejo de Portugal y Extremadura en España, donde está el conjunto de monumentos megalíticos europeos más antiguos con una orientación astronómica.
¿Cómo se integraban esos conocimientos astronómicos en la vida diaria de las comunidades primitivas?
Como he dicho antes, el cielo sirve para orientarse en el espacio y el tiempo, así no es de extrañar que los edificios que construían esas sociedades, se integrasen de una forma concreta en el paisaje, incorporando las salidas o puestas de los astros en sus orientaciones o mediante intrincados juegos de luz y sombra. Esas orientaciones, al relacionarse con los ritmos de los ciclos celestes nos dan un conocimiento sobre el tiempo, sobre los momentos particulares que podían ser de interés para esas sociedades. Por tanto, otro ámbito relacionado con el cielo es la existencia de calendarios.
Por otro lado, el cielo era fuente y repositorio de explicaciones, de metafísica. Por tanto, no es extraño encontrar representaciones de elementos celestes – el sol, la luna, las estrellas, constelaciones –relacionadas con el ámbito mítico o religioso, en concreto en representaciones artísticas. En estelas, grabados, pinturas, cerámica, la decoración está numerosas veces ligada a esas representaciones.
Su especialidad que se relaciona con métodos numéricos aplicados a la astronomía es poco conocida para el gran público, ¿cómo la explicaría a un lego en la materia?
La matemática es el lenguaje del que los físicos nos servimos para intentar explicar lo que nos rodea. Entre estos elementos de nuestro entorno estamos nosotros mismos y los restos que hemos dejado en el pasado, los yacimientos arqueológicos. Lo que encontramos en estos yacimientos nos habla de las gentes del pasado y muchas veces es nuestra única fuente de información. Así, si en un yacimiento encontramos un elemento decorativo nuevo o singular, es difícil saber si es algo fortuito hasta que no aparece algo parecido en otro que nos permite corroborar que ese nuevo elemento no es una intrusión debida a gente que llegó después, por ejemplo.
En el campo de la astronomía cultural este tipo de aproximación es muy utilizada, pues, por ejemplo, en los monumentos megalíticos no nos han llegado informaciones directas de sus constructores sobre la motivación de erigirlos con una orientación concreta. Así, cuando encontramos que un monumento tiene una orientación dada, intentamos ver si existen otros en el entorno construidos posiblemente por la misma sociedad, con orientaciones parecidas. Es decir, queremos hacer estudios estadísticos.
¿Se puede explicar el mundo de la astronomía con combinaciones numéricas?
El mundo de la astronomía actual, de la astrofísica, se basa en esas combinaciones numéricas: como digo es el lenguaje de los físicos para entender el universo. Para entender la astronomía encerrada en las orientaciones por ejemplo es útil, pues permite verificar si existe esa intencionalidad, si esa orientación peculiar es común o es algo extraño en una determinada cultura. Otra cosa es intentar entender la intención detrás de esa orientación: ese conocimiento no será nunca perfecto y si acaso deberá venir de la colaboración entre astrónomos, arqueólogos, antropólogos e historiadores.
¿Qué fórmula o método numérico aplicaría al Paisaje Cultural Risco Caído y Espacios Sagrados de Montaña?, ¿o qué destacaría en este sentido en relación al Paisaje Cultural RCESM?
El Paisaje Cultural de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña contienen elementos singulares de la interacción entre las sociedades humanas de ésta isla y el cielo bajo el que habitaban, con diferentes ejemplos de cómo esa relación se incorporaba en la creación de espacios sagrados. En el caso de Risco Caído y los diferentes espacios incluidos en el Paisaje Cultural se pueden estudiar desde un punto de vista estadístico y numérico para contrastar las hipótesis planteadas para asentar aún más esa intencionalidad y dar pie a la interpretación de la intención tras ese seguimiento del cielo por los antiguos habitantes de Gran Canaria.
