Guacimara Medina Pérez: La cultura en nuestro territorio

Noviembre 11, 2019 0

GUACIMARA MEDINA PÉREZ, CONSEJERA DE CULTURA DEL CABILDO DE GRAN CANARIA: LA CULTURA EN NUESTRO TERRITORIO

Guacimara Medina Pérez, Consejera de Cultura del Cabildo de Gran Canaria

La cultura en nuestro territorio

Puede ser una fórmula de cohesión social y de diversificación económica de manera sostenible, para dar el salto hacia un mundo más amable y menos destructivo

La situación actual del planeta es de emergencia. La crisis que estamos padeciendo tiene raíces más profundas que una debacle del sistema financiero y concierne a una forma de entender el mundo, a nuestra forma actual de producir, consumir y vivir.

En el deterioro ambiental influye directamente la cultura de los pueblos reflejada en las relaciones entre las personas, y entre la sociedad y la naturaleza. De manera que cultura y sostenibilidad (en todas sus dimensiones: económica, social y ecológica) están estrechamente relacionadas y son interdependientes.

Partiendo de esta premisa, el tratamiento a los problemas ambientales, verdadero epicentro de la actual deriva de nuestro planeta y de nuestra propia supervivencia como especie, debería involucrar la necesidad no solo de un enfoque educativo, sino también cultural, que se aborde desde los valores, las creencias, las actitudes y los comportamientos ecológicos. La cultura se expresa a través de las formas de organización y de convivencia social y de la manera de transformar los recursos naturales para la satisfacción de las necesidades e intereses humanos.

Se plantea la necesidad de proponer una visión del mundo alternativa, con un cambio radical en nuestra forma de relacionarnos entre sociedades y entornos. En esta nueva visión, la cultura y el medio ambiente constituyen dos caras de una misma moneda, dos conceptos indisolubles que pueden ir de la mano en este cambio de paradigma al que estamos obligados a entrar. Así pues, la cultura se presenta como una potente herramienta que permite construir un mundo más sostenible y más resiliente, donde la base se sustenta en un reparto más equitativo, más justo y comprometido, todo ello con un enfoque holístico y con el objetivo de afianzar el concepto de sostenibilidad.

Por tanto, se hace necesario la construcción de un nuevo pacto social, en el que el ambiente sea un factor básico a preservar y, con ello, asegurar la sobrevivencia de la propia cultura. Este nuevo enfoque de ciudadanía ambiental, fomenta nuevas perspectivas y responsabilidades con el resto de la sociedad y el planeta. Una ciudadanía crítica y consciente que comprende, se interesa, reclama y exige sus derechos ambientales y que a su vez, está dispuesta a ejercer su propia responsabilidad ambiental.

Canarias, por su condición insular y archipielágica, demanda un modelo de gestión del territorio distinto: la proximidad, el elevado número de pequeñas-medianas ciudades por isla, así como los diferentes niveles de gobierno (regional, insular y local) hacen que la planificación conlleve máxima coordinación.

El Gobierno de Canarias ha aprobado en los últimos días un Acuerdo de Emergencia Climática, que se traduce en un firme compromiso con la creación de una ley Canaria de Cambio Climático y un Plan de Acción Canario para la implementación de la Agenda Canaria de Desarrollo Sostenible 2030. La sostenibilidad de Gran Canaria pasa por un compromiso ambiental, sin alterar impunemente los ecosistemas y las limitaciones de los territorios.

Es crucial, desarrollar una estrategia de desarrollo sostenible que incluya la calidad de vida de los residentes, la capacidad de nuestras infraestructuras, la actividad económica generadora de renta, trabajo y bienestar.

Desde el Cabildo de la isla, se debe actuar promoviendo un modelo de “ciudad-isla” compacta, con una vida social cohesionada y una plataforma económica competitiva. Y la manera más sensata de abordar este reto, tiene que ver con el ahorro de suelo, energía y recursos materiales y la preservación de los ecosistemas naturales. Para ello es fundamental iniciar un cambio del modelo turístico diferenciado hacia el disfrute paisajístico, cultural, gastronómico y de ocio activo en la naturaleza, estableciendo propuestas que integren criterios que compongan la base de un turismo responsable.

También se debe abordar con urgencia la gestión de nuestros espacios naturales protegidos, no para separarlos del contacto humano, sino todo lo contrario, para protegerlos con la fijación de la población al territorio rural y el compromiso del resto de la ciudadanía a nivel insular. Fomentar la preservación de la biodiversidad, que genere reparto equitativo de los recursos propios (en especial el agua) y sea influyente en aspectos culturales, sociales y éticos.

Los problemas ambientales son también problemas de injusticia social mayormente debidos al desigual reparto de los recursos y al acaparamiento que ejercen sobre ellos las clases sociales poderosas. En este proceso de reestructuración debemos crear valor social, y para ello es necesario que las instituciones se impliquen y participen activamente, promoviendo, impulsando y sosteniendo los procesos, y poniendo el foco en las personas. Desde la defensa de los derechos culturales y ambientales, y recordando el protagonista papel de la participación ciudadana, actuando desde la creatividad y la intuición artística, jugando con el lenguaje seductor y a menudo original, que ofrecen las distintas manifestaciones artísticas, y acercando a la ciudadanía la cultura como fórmula de cohesión social y de diversificación económica de manera sostenible, también se puede dar el salto hacia un mundo más amable y menos destructivo.

(Artículo publicado en el último número de la revista Energy Hub)

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