Artículo de opinión: "Las aguas de superficie y las aguas subterráneas en el discurso político."
Probablemente, lo que produzca más desafección entre los ciudadanos y los políticos sea el doble lenguaje que se utiliza, y que más pronto que tarde afloran en los hechos.
Prometer y no cumplir ya no se considera un fraude sino un inevitable recurso en el ámbito de la postverdad.
Aparentar y no ser, llega a justificarse como recomendable en determinadas circunstancias para captar el mayor número de adeptos.
Las guerras internas de los partidos por el poder, los intereses personales sobre los intereses colectivos, la sonrisa impostada y el saludo carente de afecto, usar los valores de la sociedad del bienestar como carnaza para captar votos, el cainismo sin escrúpulo, el digo por el Diego, y así un sin fin de renuncios que no son más que autoengaños que ponen a prueba la capacidad intelectual de los ciudadanos. En esas estrategias camaleónicas, se rompe la confianza y la lealtad de aquellos que nos quedamos sin referentes.
Si me permiten un símil con un hecho que lamentablemente está de plena actualidad, la situación de algunos políticos se asemeja al fenómeno de las microalgas marinas, es una realidad que provoca controversia entre su origen y sus consecuencias, pero que genera desconfianza. Y he ahí el origen de la desafección: la desconfianza de los ciudadanos respecto a los políticos porque mientras dicen una cosa luego hacen otra, porque en lugar de servir y transformar la realidad social se sirven y transforman la suya y la de los suyos, porque las palabras están vacías y algunos hechos generan rechazo.
En definitiva, "las aguas subterráneas," más pronto que tarde, afloran y, afortunadamente, se visibilizan desenmascarando las verdaderas intenciones. Cuestión de tiempo, análisis y tomar decisiones.
Fd. Manuel García Morales.- Concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Santa María de Guía
